[Scarred Lands] Crónica I - Encuentros y nuevos caminos

Comienzo la crónica de la aventura de Scarred Lands para la que creé un personaje hace poco. El elenco de personajes lo componen:

  • Yuri, elfo
  • Mordyn, hechicera elfa
  • Pimpernel, bardo halfling
  • Ardad, ladrón humano
  • Faelarion Morhai, guerrera semielfa

Al culminar la duna, Faelarion Morhai divisó la luz de un campamento en la distancia. Sonrió aliviada, odiaba el desierto y especialmente la arena que se cuela por todas partes. Tampoco le entusiasmaba la idea de estar sola en ese mar infinito con la constante amenaza de toparse con algún sutak.

Con suerte estaría de vuelta en la ciudad en pocos días, si esas luces pertenecían a las personas que estaba buscando, podría entregar su mensaje y volver a Hollowfaust a sumergirse en un baño y librarse de toda la maldita arena.

A medida que se aproximaba al campamento aguzó los sentidos y se percató de que algo no andaba bien. Los inconfundibles sonidos del combate llegaron hasta sus oídos. Cautelosamente se acercó a la orilla de la zona iluminada para contemplar como un sutak descargaba un poderoso golpe sobre un humano acabando con su vida en un instante. Sin pensarlo dos veces, Fael se armó con su espada y escudo y se abalanzó sobre las criaturas.

Poco tiempo después todos los sutak yacían muertos y tanto los maltrechos mercaderes como un variopinto grupo de aventureros miraban a la recién llegada con curiosidad.

Fael se presentó sin muchos aspavientos y rápidamente quiso saber quién de todos ellos era conocido como Kin. Su esperanza de estar de vuelta en la ciudad al día siguiente se desvaneció tan rápido como había formulado la pregunta. Kin había sido herido gravemente y se encontraba en estado febril en una de las tiendas. Sin muchas alternativas, la semielfa anunció que la misión que aquel grupo se traía entre manos ahora les ponía en camino de la ciudad de Lokil en busca de su mítica biblioteca.

No sin cierta desconfianza, los aventureros aceptaron su destino y comenzaron los preparativos del viaje a través del desierto. Con vistas a acortarlo, Ardad, un humano de aspecto sospechoso, consiguió que Thorolf, el líder de los mercaderes, les alquilara algunas de las monturas que acababan de perder a sus jinetes por 30 monedas de oro y un libro que el mismo Ardad portaba consigo.

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Fuente: https://pixabay.com/en/dune-namibia-africa-desert-sand-3339682/

Con las primeras luces del alba, los mercaderes se pusieron en camino a Hollowfaust, llevando consigo a Kin, y los nuevos compañeros comenzaron su penosa marcha a través del desierto.

En poco tiempo el calor y la deshidratación empezaron a hacer mella en los viajeros, que salvo el bardo halfling Pimpernel, iban notando el paso de las horas como un castigo que se abatía sus cuerpos sin piedad. Los días pasaron lentamente mientras las discusiones entre el grupo aumentaban debido a la escasez de agua y el efecto que el implacable calor del desierto hacía sobre sus ánimos haciendo casi imposible que se pusiesen de acuerdo en los más mínimos detalles.

A mitad de penoso camino, los tres compañeros con sangre élfica Yuri, Fael y Mordryn, divisaron unas figuras que volaban a una altura impensable y, a pesar de la desconfianza de los otros, estaban convencidos de que se trataba de dragones. Esta imagen no auguraba nada bueno y el hecho de que días después se cruzaran con un nutrido grupo de no muertos que al grito de ¡Hollowfaust! ¡Traidores! Marchaban en dirección de la ciudad, añadió una nueva preocupación a sus ya maltrechos ánimos.

El viaje continuó durante varios días más y a pesar de viajar de noche, no habría sido posible terminarlo sin las habilidades curativas del pequeño bardo o el talento de Ardad al atar a todos los viajeros a sus monturas para asegurar que ninguno cayese de ella si perdía el conocimiento.

En el sexto día, la silueta de Lokil apareció en el horizonte. Rodeada de las ruinas hundidas de la antigua ciudad, se alzaban en medio del apocalipsis los restos de la otrora majestuosa montaña de la que sólo un escarpado pico, en el que se asentaba la afamada biblioteca fortificada, desafiaba la destrucción provocada por la Guerra Divina.

Poco a poco, al ir aproximándose a la ciudad, el hedor a podredumbre llegó hasta los cinco viajeros, que aún sujetos a sus monturas, se aventuraban a cruzar el largo puente colgante que unía el camino con la entrada por encima de la ciudad destruída.

A duras penas la hechicera Mordryn consiguió mantener la consciencia mientras cruzaban el puente, haciendo un esfuerzo por no desfallecer antes de alcanzar la fantástica arcada de obsidiana que les esperaba. Apenas habían cruzado todos, la elfa se desmayó al fin mientras la enorme puerta que daba paso a la biblioteca se abría despacio para dejar salir dos figuras oscuras, una mujer y un hombre, de tez increíblemente pálida y cabellos azabache.

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Fuente:T X en Artstation

Con un cortés saludo la mujer se presentó como Aliki y el hombre como Yuri. Los viajeros les siguieron al interior del edificio y se sorprendieron al encontrar un fantástica bóveda en el interior. Sin perder tiempo, Aliki inquirió por los motivos del grupo para visitar Lokil y Fael, un tanto dubitativa sobre cuánto podía revelar a sus nuevos compañeros la acompañó a una habitación privada para transmitir el mensaje que había recibido en Hollowfaust mientras los monjes-guerreros que les esperaban en el interior mantenían al curioso bardo esperando fuera.

Fael extrajo con ciudado el diente de dragón que le había sido confiado y se lo entregó a Aliki. La expresión de mujer se tornó en una de profunda tristeza y sólo profirió unas misteriosas palabras:

"El día de suplantar al Guardián de Hederest ha llegado."

Ambas mujeres volvieron a reunirse con el grupo y, sin ningún miramiento, Aliki les informó de que tenían una misión de la máxima importancia y que ése era el motivo de que les hubieran enviado allí. Sin perder un instante les pidió pruebas de que que eran de Hollowfaust antes de confiarles los detalles de la misión. No sin cierto recelo, especialmente del elfo Yuri, todos le presentaron los tokens que les designaban como ciudadanos de la ciudad y dignos de la confianza de Lokil.

"Hay un gran conflicto en ciernes," anunció. "Una carrera armamentística en la que es fundamental que debilitemos a nuestro enemigo antes de que sea demasiado tarde."

"Debéis penetrar en el interior de la montaña e intercambiar el diente," ante esta revelación, Yuri y Ardad intercambiaron una mirada cómplice y el ladrón humano exigió ver el diente antes de acceder.

Aliki hizo como le pedían y les dejó inspeccionar el artefacto. Los talentos arcanos de Pimpernel y Mordryn identificaron rápidamente la naturaleza mágica del mismo y se percataron de que una suave aura divina de protección lo envolvía. Mientras los dos aventureros lo inspeccionaban, el resto interrogaron a Aliki sobre la naturaleza de lo que se hallaba en las profundidades de la montaña. Fael bromeó con la posibilidad de que fuera un dragón, aún con la imagen de los que habían adivinado en el cielo varios días atrás.

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Fuente original: Megalodon teeth by Parzi

Evitando dar respuestas firmes a la preguntas del grupo, Aliki les urgió a que se pusieran en marcha cuanto antes. Sin embargo, Pimpernel se rebeló con razón arguyendo que el grupo estaba desfallecido después de la extenuante travesía por el desierto.

"No podemos, ¡estamos muertos!", gritó entre alarmado y enfadado el bardo. A lo que Mordryn contestó con un alegre: "¡Yo ya estoy bien!", para sorpresa de todos.

Zanjada la discusión se pusieron en camino liderados por Aliki. Pronto las voces de protesta se silenciaron temporalmente al entrar en una habitación de dimensiones escalofriantes en las que hileras de estanterías atestadas de libros, pergaminos y legajos de todas las formas y tipos imaginables, cubrían las paredes hasta los altísimos techos. Pasado el estupor por la impresionante visión, el grupo recuperó sus preocupaciones más apabullantes y varias voces exigieron un mapa para guiarse por el interior de la montaña en vista de que sus anfitriones no les acompañarían.

Dejando atrás la biblioteca, los condujeron a una pequeña sala en la que varios monjes les invitaron a sentarse para recibir el beneficio de sus cánticos sagrados y dos consejos fundamentales:

  • El silencio es primordial.
  • Cuando el Guardián de Hederest se retira lo que una vez estuvo abajo estará arriba y viceversa.

Una vez concluída la ceremonia, el grupo retomó el camino, que continuó descendiendo durante un largo rato a medida que se volvía más angosto. Finalmente llegaron a una apertura en la que aguardaban dos mujeres ataviadas con armadura que portaban sendas mazas. Aliki se dirigió a ellas y les ordenó abrir el paso.

Las dos mujeres no pudieron contener la consternación y se abrazaron entre sollozos durante unos instantes. Al poco rato, sin mediar palabra entre ellas o con Aliki, comenzaron a golpear el muro a sus espaldas aún con los ojos enrojecidos por la tristeza. Durante largo tiempo sus mazas se alternaron golpeando el muro e incluso algunos de los aventureros se unieron a ellas con la esperanza de causar alguna fractura en el impasible muro. Al fin apareció la primera grieta y con cada nuevo golpe fragmentos de huesos humanos rodaban de la pared y caían apilándose a sus pies.

"Esto siempre es una buena señal," comentó Pimpernel. "Salvo que sea un muro de carga," añadió jocoso.

A medida que el hueco se fue agrandando la luz del otro lado y un extraño hedor se empezaron a filtrar en el túnel. Los aventureros se miraron sorprendidos ante la inesperada presencia de luz al otro lado y lo que ello pudiera suponer.

En cuanto el hueco fue lo suficientemente grande las mujeres cesaron en su tarea y los cinco compañeros cruzaron al otro lado. Ardad, portando una antorcha abrió la marcha que cerraba Fael, e inició el camino de nuevo. Unos minutos después unas enormes escaleras interrumpieron el camino y una suave luz se adivinaba al final de las mismas. Una sala circular iluminada con innumerables velas y candelabros distribuídos en vanos albergaba un escritorio en su centro y, encorvada sobre el mismo, una figura escribía frenéticamente en un pergamino.

Al otro lado de la sala, separado por lo que podría ser una distancia infinata, continuaban las escaleras.

Recordando los consejos recibidos los cinco decidieron cruzar la sala con sumo cuidado y de uno en uno. Ardad fue el primero y, mientras los demás aguantaban la respiración sin percatarse de ello, cruzó despacio pero sin problema al otro lado. A continuación Mordryn decidió mejorar sus posibilidades lanzando un conjuro de dormir. La figura pareció levemente afectada y, aunque continuó escribiendo en su pergamino, la velocidad a la que se movía su mano descendió visiblemente. Muy despacio, la hechicera se deslizó dentro de la sala pero el impaciente halfling, incapaz de esperar su turno, decidió seguirla y, en su premura, alguna de sus armas o pertrechos debió de engancharse con otro y un tintineo se extendió por la sala.

La criatura alzó la cabeza súbitamente y un aterrador grito salió de su boca hacia las dos figuras que intentaban cruzar la sala. Mordryn y Pimpernel recibieron el terrible impacto de aquel grito y ambos quedaron a su merced. Pimpernel intentó ponerse en pie pero un nuevo grito se abatió sobre él y lo dejó inconsciente en el suelo. Mientras tanto, Mordryn reaccionó intentando defenderse de la criatura con un proyectil mágico. Yuri y Fael, viendo la suerte de sus compañeros corrieron en su ayuda. Yuri consiguió alcanzar al halfling y arrastralo fuera de la habitación mientras Fael, intentando proteger a Mordryn y así misma con su escudo de un nuevo ataque, tiró de la hechicera para escapar de la sala.

Continuará...